Mostrando entradas con la etiqueta rural. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rural. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de junio de 2009

LO RURAL NO EXISTE



En realidad lo rural no existe. Ni la ruralidad. Sólo parecen llegar a existir en caso de que alguna institución o persona preeminente así lo decidan y los promocionen. Algo parecido ocurre, por ejemplo, con las jerarquías eclesiásticas respecto al espíritu, con las Diputaciones Provinciales respecto a los presupuestos y con la Universidad en relación a la escuela rural. Pero poco más podemos señalar.

Lo que hay es purita materia: conexiones telefónicas estrechas, eléctricas de Endosa, Unión Penosa e Ibertrola [joder, aquí el Word corrige automáticamente! ¡Qué poderío!], Televisión en UHF, carreteras criminales, poquita gente, menos trabajo, …

La escuela que vive con estas circunstancias materiales no es rural, es superviviente, y habría que denominarla de otra manera.

Sin embargo, nos empeñamos una y otra vez [¿dónde he visto yo esto?, viva el día de la marmota] en organizar encuentros, foros, congresos y hasta algún que otro máster para analizar las peculiaridades de la escuela rural. Con ponentes que son los mismos desde hace 25 años, con impulsores unipersonales de estructuras organizativas novedosas (frente al trabajo anónimo de decenas de profesores que contribuyeron a su nacimiento) y con patrocinadores como las administraciones educativas y aledañas, el asunto se torna cansino y empieza a oler.

Ocurre que es más aceptable señalar lo positivo ante las circunstancias desfavorables que atacar éstas de raíz. El problema surge cuando se hace de la necesidad virtud, cuando se alaban metodologías y estructuras que impiden avanzar y se ocultan las deficiencias. Por eso, tal vez fuera conveniente proclamar la muerte de la escuela rural, negar ese espíritu repetitivo y cambiar las condiciones materiales.

P.D. Esquela: La escuela rural ha muerto. Don Observatorio y don Departamento ruegan una evaluación por tan sensible pérdida.

martes, 21 de octubre de 2008

Los 300


El pasado domingo, día 19, Ana Ubé publicaba en Diario de Teruel un comentario elogioso hacia los socios del Centro de Estudios de Albarracín (CECAL). Esos trescientos componentes que sostienen con sus cuotas la actividad del Centro suponen un pequeño ejército dispuesto a defender el patrimonio cultural de una esfera rural que está a punto de desaparecer.
Sin embargo, me planteo cuál pueda ser la relación entre gestores, receptores y marginales en relación al producto cultural.