miércoles, 30 de marzo de 2011

AMPLIFICACIÓN Y DISCURSO EDUCATIVO

Dia 93: Sigue hablando...
Foto: Sigue hablando, by Fredy the boy


Amplificación
dice de insistencia y de extensión, de diseminación e intensidad. Insistir es siempre un acto arriesgado. Extender conduce a la diseminación, pero se pierde en intensidad.

Voltaire, en su Diccionario filosófico, reservó un artículo dedicado a la figura retórica de la amplificación:

"El transcurso del tiempo puso el sello de la aprobación casi universal a fragmentos de poesías absurdas, por contener éstas algunos rasgos brillantes que hacen olvidar el poco valor de los restantes versos, y porque los poetas que aparecieron después no lo hicieron mejor, y los principios informes de todo arte consiguen siempre alcanzar más reputación que el mismo arte perfeccionado".

"En la actualidad, entre los franceses, la mayoría de los sermones y oraciones fúnebres y los aparatosos discursos que se pronuncian en ciertas ceremonias sólo son fastidiosas amplificaciones, y están llenos de lugares comunes, que se repiten hasta la saciedad. Esos discursos debían pronunciarse raras veces, y así resultarían soportables. ¿A qué conduce hablar mucho cuando no hay nada nuevo que decir? Hora es ya de poner freno a tan exagerado derroche de palabras".

El concepto de amplificación, alejado de la estructura del propio discurso, ha sido tomado también como fundamento de la nueva censura:

"Es difícil callar todas las voces, porque las formas de comunicar son cada vez más fáciles y están al alcance de más gente, pero si todos esos nuevos discursos se pelean por un espacio en la atención de los individuos, quien puede repetir y aumentar la dimensión de una noticia, adquiere mayor poder".

Nos encontramos, pues, con dos conceptos que conviven: el discurso ampliado y su difusión, la virtud de éste para llegar a un mayor número de personas o para ocultarse por mor del ruido y la diseminación.

Los problemas que presenta la amplificación del discurso surgen en primer lugar de la huella individual. Las trazas de ciertos estudios son hijas de la fastidiosa amplificación, del decir donde no hay nada que decir, del tener que decir porque hay que decir. En ese sentido, los discursos educativos extensos, cuasi obligados (tesis, publicaciones...), generalmente provenientes de ámbitos universitarios, caen en muchas ocasiones en el vacío y se contagian de su contenido. Se podrá aducir que esto ocurre en todas las disciplinas, pero no deja de asombrarme la gran producción científica (no entrecomillaré) que genera ese tipo de discurso (caso que lo haya).




Sin embargo, los tiempos actuales hacen posible la participación directa de muchos protagonistas que, intentando sobrepasar la cerrazón de la doxa, señalan nuevos caminos. La pregunta es, por un lado, si a mayor número de esos protagonistas, el discurso queda ampliado innecesariamente, si de alguna manera también se repiten hasta la saciedad lugares comunes, no aportando en la mayoría de los casos nada nuevo; y, por otro, hay que preguntarse también si ese discurso toma cartas en el asunto del poder y plantea batalla.

Porque, de nuevo, surge el problema central del poder. No se puede callar a tanta gente, en todo momento y en cualquier lugar. Pero el no callar, no ser acallados, no nos regala automáticamente el poder. ¿Qué papel están jugando las redes sociales, la bloguería militante, la participación más o menos activa en los foros? ¿Cuál es la génesis de la amplificación de determinadas prácticas y discursos educativos? ¿Cuáles podrían estar diseminadas en los márgenes? ¿Hay algo nuevo bajo el sol?



No diré que está todo inventado, que no hay nada más que decir. Hay mucho que hacer y mucho que decir. Para empezar, es necesario que cada cual explicite su discurso educativo. Saber en qué surco comenzó a germinar y en qué condiciones lo hizo (sequías, lluvias y pesticidas). Y suponiendo que sea capaz de huir de la amplificación a que se refería Voltaire, sea capaz de encontrar su lugar respecto al poder que ejerce el discurso educativo que propicia y al que se enfrenta. Por otra parte, es urgente hacer arquelogía y desvelar las demoliciones habidas, los expolios y las desubicaciones. Así, tal vez, nos reencontremos con la rueda. Arqueología y discurso propio convienen a la amplificación que lucha contra el discurso único.


martes, 22 de marzo de 2011

JORNADA CONTINUA: DONDE DIJE DIEGO

Que los políticos se abran una cuenta de twitter me parece bien. Faltaría más. Nos hablan de sus logros, nos ofrecen sus promesas y hasta llegan a desdecirse. Uno no sabe si ese cambio en la forma de pensar se debe a una evolución meditada o a un quedar bien, más propio de un gestor de la cuenta que del titular. Viene esto a cuento de la pregunta que se le realizaba hace unos días a , candidata a la presidencia del gobierno de Aragón y que en su día fue consejera de educación, a propósito de la elección del tipo de jornada escolar, que inic y otros retuiteamos después.



La candidata parecía apelar al sentido común, al acuerdo, a lo que en democracia constituye la base de muchas iniciativas. Lo dicho me llamó rápidamente la atención. O Eva Almunia había cambiado de forma de pensar, o se había olvidado de lo que pensó en su día o la cuenta no la gestionaba ella directamente.

Los hechos: hace más de diez años nuestro CEIP se vio obligado a realizar jornada continuada por una serie de circunstancias relacionadas con obras. Las familias, por amplia mayoría superior al 85%, decidieron solicitar la continuidad de aquellos horarios. La consejera de entonces, Eva Almunia, se negó en redondo a admitirlo. Su sucesora, Broto, ha seguido su línea. Cuando el año pasado volvimos a plantear la posibilidad de elegir el tipo de jornada, nuevamente las familias apoyaron mayoritariamente el cambio. Aún estamos esperando la respuesta.

"¿En la decisión es fundamental el acuerdo entre las familias y el centro?" ¡Qué bonitas palabras! ¡Qué vacías!

domingo, 13 de marzo de 2011

EL PROPÓSITO DE LA EDUCACIÓN


¿Cual es el propósito de la educación? Con esta pregunta se inicia la propuesta promovida por un interesante y activo grupo de profesores. Una de las primeras actuaciones consiste en escribir un tuit bajo el hashtag #purposedES. La siguiente es compartir en nuestros blogs lo que pensamos al respecto de dicho propósito. La iniciativa me ha parecido excelente, así que me pongo a la tarea tomando como base los cinco tuits que escribí previamente. Advertiré en primer lugar que estos fueron formulados desde mi rol de profesor, esto es, a propósito de la educación entendida de forma unidireccional y circunscrita al eje espacio-temporal de la escuela. En realidad, nos educamos, aprendemos a lo largo de toda la vida, y el propósito de la educación debería aprehenderse mediantes los propósitos que tenemos como aprendientes. Por otro lado, es muy posible que lo que viene a continuación sea más de lo mismo, lugares comunes que tengan tan solo apariencia de deseos o, lo que sería más inquietante, que ya esté previsto en la ley -en cuyo caso me lo haré mirar-.

La educación requiere andar caminos inexplorados, seguir líneas torcidas, alcanzar mundos imaginados y por imaginar. La educación es un bien de extrema fragilidad. Es proceso y es camino que se anda mejor en compañía. Por eso, la educación no puede reducirse a las cuatro paredes de una escuela ni puede delimitarse a un tiempo determinado de nuestra vida. La felicidad no la proporciona exclusivamente la educación, pues aquélla es asunto de la vida misma. Podemos hablar de parcelas de felicidad, como la que tiene que ver con la que produce el propio conocimiento, pero nadie nos asegura que con la mera aproximación a la verdad vayamos a ser más felices. La educación sentimental, esa que tiene que ver con la estética, tan descuidada siempre y tan alejada de los currículos realmente desarrollados, no soluciona por sí sola la aspiración de la felicidad. Tampoco el cumplimiento de aquello que debemos hacer nos asegura mundos apacibles.

La principal herramienta con que nos podemos dotar como educandos es la pregunta. Pero previamente a ello, es preciso poner en su máximo valor el deber y el derecho de la duda. El propósito de la educación es inocular el germen de la duda; es favorecer la pregunta, acercarse al bien, a la verdad y a la belleza (y volver a dudar...). El momento de la duda y la apropiación de la pregunta deben ir encaminados a que como educandos podamos llegar a ser ciudadanos críticos, creativos y cuidadosos. Aspecto este último que tiene que ver también con el propósito de romper con las inercias que perpetúan las relaciones sociales de desigualdad.

Por último, no me he podido resistir a un guiño (aunque el guiño, gesto rápido y cómplice donde los haya, sólo adquiere carta de naturaleza si el otro lo percibe). El propósito de la educación es no sucumbir a las sucesivas intervenciones políticas que reforman su aplicación metódica (y la reforman, y la reforman...). Y es que, en ocasiones, el camino del infierno educativo está sembrado de buenas intenciones/propósitos.

domingo, 27 de febrero de 2011

QUÉ ES UN BioPLE

Un PLE (Personal Learning Environment) o entorno personal de aprendizaje es un conjunto de elementos y mecanismos que se ponen en funcionamiento para alcanzar unos objetivos señalados.

Un PLE puede estar plenamente definido o en continua y fructífera construcción. Sin embargo, también contiene elementos ocultos, a modo de energía oscura, que lo fundamentan.


En ese sentido, un PLE es más un campo de fuerzas que un tablero plenamente defininido. Y en cuanto a la consecución de objetivos, el PLE debe contemplar más la línea torcida, que propicia el salto y soslaya (Bertolt Brecht, Geoff Eley), que la implicación directa y causal.

Un PLE se puede constituir ex profeso, puede hacerse patente, pero en realidad nace y lo llevamos con nosostros desde el momento –si no antes- en que venimos al mundo. Las implicaciones que un PLE en proceso tiene respecto a nuestra última decisión sobre nuestro PLE fijado pueden quedar ocultas si no se realizan los convenientes ejercicios genealógicos. De ahí la necesidad de pararse a pensar sobre nuestro modo de aprender pasado, de explicitar, de desvelar los inicios de nuestro PLE.


Un BioPLE sería entonces la vida de nuestro PLE, pero también la oportuna reflexión sobre nuestra vida en tanto que aprendientes. Se trata de indagar sobre cómo hemos venido aprendiendo en nuestra vida, a la vez que se incluye nuestra relación con la tecnología y el papel que esta ha jugado en nuestro aprendizaje. Cada PLE tiene como base un BioPLE y debería ser expresado explícitamente como uno más de los elementos, procesos o herramientas que lo configuran.


Además de todo esto, el PLE está ineludiblemente relacionado con el Entorno Personal de Producción (EPP). El EPP incluye aquellos intereses que se desarrollan dentro y fuera de una profesión y con los que también aprendemos. Un EPP también incluiría los hobbys. Aprender es asumir, interiorizar, adecuar los conocimientos adquiridos a las situaciones cambiantes. Pero, sobre todo, es mostrar, compartir, someter al juicio de los demás la producción, expuesta a un ejercicio de apertura y visibilidad. El mismo proceso de producción propicia el aprendizaje; de igual manera que lo aprendido debería incidir sobre el proceso de producción. En consecuencia, un EPP debe incluir también un bioEPP.











viernes, 25 de febrero de 2011

TODO LO QUE APRENDÍ. LIBROS Y FICHAS (II)


Así que, con nueve años, daba comienzo mi bachillerato en un nuevo colegio. Ahora también conocería un mayor número de profesores cada curso, especialistas en su materia, que trabajaban en torno al libro de texto o a los apuntes inmisericordemente dictados. Llegaron los deberes y los castigos (agresiones más bien: bofetones de buena mañana por no haber conseguido resolver un puñetero problema); desaparecieron los acosos, al menos en el centro; y aprendí a reaccionar mal ante el profesorado que esperaba que todo cayera por su propio peso, especialmente ante los de matemáticas, para los que la evidencia (está ahí, ¿no lo ves?) era la máxima con la que andaban por su vida.

Recuerdo con especial cariño aquellos libros de texto de ciencias naturales, excelentemente estructurados, aunque es muy probable que fuera el método y la cercanía del profesor los que los convirtieran en más atractivos. Los de lengua eran otro cantar: pasar, de golpe y porrazo, al análisis morfológico y sintáctico era también ejercer otro modo de violencia. De aquella Formación del espíritu nacional, desarrollada a golpe de dictado, tan solo recuerdo las interrupciones de un compañero para que el profesor diera más detalle sobre conceptos tales como dictadura (entonces, ¿en España qué hay?), sindicatos o que nos comentara lo que había pasado en Francia en 1968 (lo juro), interpelaciones que rápidamente eran interrumpidas por el profesor con el socorrido seguimos con el dictado. Para las clases de gimnasia ya se nos obligaba a utilizar pantalón corto y camiseta, pero de las tablas no nos libraba nadie. La educación artística seguía basándose en trabajos manuales (ay, el puto celo) y en enormes láminas con dibujos de ciervos, conejos y sillas para copiar, si querías como si no y allá te las vieras, sin que jamás -al menos en mi caso- el profesor me indicara cómo debía acometer el trabajo.

No recuerdo gran cosa de mi aprendizaje en los dos primeros años del bachillerato que pasé en aquel colegio, salvo la cantidad de cosas que he ido olvidando. Preguntar y dialogar, muy poco; trabajar en equipo debía estar mal visto; desde ahora, lo que realmente interesaba era sacar la mejor nota posible en los exámenes: llenar y vaciar, memorizar y olvidar. Ese era el camino que me esperaba en los próximos diez años. Seguía leyendo tebeos y las revistas o periódicos que podían llegar a casa. Seguíamos citándonos con los del barrio vecino para solventar nuestras diferencias -ya lo he dicho: hasta la primera sangre o hasta que le diéramos a una señora que pasara por allí-; pero, sobre todo, había mucha calle, mucho correr, y mucho imaginar para combatir el aburrimiento. En aquel primer año me hice inseparable de la guitarra que desde niño había visto trastear a mi padre. Aprendí antes a afinarla que a colocar acordes, pero, cuando muchos años después, acudía a un conservatorio, no la elegí.
Los dos años siguientes los pasé en una de las que entonces se llamaban universidades laborales. Me he preguntado siempre cuál fue el alcance de aquellos dos años en mi formación. Lo cierto es que llegué un poco descolocado. Era la primera vez que me despegaba de mis padres. Volvieron las experiencias de malos tratos. Y las clases... las clases me trastocaron los esquemas: con mesas que se agrupaban para que los alumnos pudiéramos ayudarnos; con libertad para levantarse sin pedir permiso al profesor; con libros de texto de varias editoriales que se hallaban a disposición de todos y de nadie en particular; fichas verdes, amarillas y blancas que te dirigían el trabajo. La actividad individual en el aprendizaje era vertiginosa -había que estar muy espabilado- y a veces caótica. Aunque con cierto grado de angustia, en aquellos momentos empecé a llevar las riendas de la organización de mi aprendizaje.

Curiosamente, empecé a tomarle cariño a las ciencias: a la química -en mi vida he vuelto a encontrarme unos laboratorios como aquéllos-, a la física -donde descubrí que con mis explicaciones mis compañeros aprobaban, y tal vez ahí se me pasó por primera vez dedicarme a la enseñanza-, a las matemáticas, donde hacíamos muchos ejercicios, pero bien dispuestos en su grado de dificultad. Me encontré con la literatura y la vida de los escritores, por medio de unos profesores que desnudaban su emoción, aunque algunos seguían sin acertar con las lecturas obligatorias: Ayax y Trafalgar se me atragantaron de tal manera que solo pude superarlo con las aventuras del Capitán América y compañía.

Di los primeros pasos de latín, aunque me enteré de bien poco. La educación física era otra de las joyas de aquel centro: instalaciones y buenos profesionales te iniciaban en deportes de equipo e individuales que jamás habrías pensado en practicar; eso sí, las competiciones seguían reservadas para la élite de los más habilidosos, aunque yo sabia en mi fuero interno que llegaría mi oporunidad.

Solíamos hacer excursiones. Muchas de ellas, a Valencia, a ver algún museo. Después de comer, nos solían dejar solos en Viveros y, no sé cómo, terminábamos en el barrio chino -como lo leen; ríanse ustedes de los peligros de la navegación por Internet-.
Conocí gente de todo el país, con sus formas distintas de hablar, con sus maneras de ser, con sus músicas y sus cantes -y yo ahí, viendo cómo tocaban la guitarra- ...

Sin embargo, el internado supuso el golpe de gracia para mis relaciones en el barrio y ya nada volvió a ser lo mismo. Luego llegó el momento de elegir entre la opción de letras o la de ciencias, decisión que hube de tomar solo, con trece años. Si hubo orientación expresa, no la recuerdo. Daba comienzo el bachillerato superior y volverían a cambiar los modelos de aprendizaje.


miércoles, 23 de febrero de 2011

TODO LO QUE APRENDÍ. PRIMERAS LETRAS (I)

A menudo se oyen afirmaciones que, a modo de sentencias, aspiran a convertirse en máximas pedagógicas o antipedagógicas, llegando algunas a ser el punto de partida de un exitoso libro. Estas son del tipo: todo lo que aprendí lo aprendí en el parvulario o todo lo que aprendí lo aprendí fuera de la escuela.

Intentaré cambiar de estilo y contar sucintamente lo que aprendí y lo que dejé de aprender, lo que me enseñó la vida fuera de la escuela y lo que ésta hizo por mí. Utilizaré para ello el apunte biográfico, que dividiré en varios post.

Aprendí a leer muy pronto. Supongo que me enseñaría mi madre, como el que no quiere la cosa. A los cuatro años fui a parar a una escuela no oficial, que había puesto en su casa un señor con vocación de desasnar temprano. El caso es que la primera vez que vi una cartilla de lectura ya juntaba la i con la gle y con la si y con la a (el diptongo me venía grande). A escribir aprendí también rápidamente. En aquellas tardes calurosas y valencianas hacía, sobre todo, ristras de efes, que era en lo que más flojo iba. Digo que aprendí rápidamente porque aún guardo en mi recuerdo la primera azotaina que me dio aquel primer maestro/instructor que tuve: la culpa fue de las puñeteras efes que yo hacía sinistrógiras –esto y su significado lo supe después, claro-, y habían de hacerse comme il faut, que era aquí como Dios manda. El resultado de todo ello fue que en cuanto tuve ocasión de que nadie me enmendara la plana, las jodidas efes volvieron a girar a la izquierda y jamás estuve tentado de darles otra dirección.


Los primeros libros que tuve entre mis manos fueron una biografía de Oliver Cromwell, edición de 1929, que al parecer debió marcar mi republicanismo futuro, y los Santos Evangelios, que, al contrario, consiguieron alejarme de la exégesis religiosa. Pero, en realidad, lo que más leí en aquellos primeros años fueron tebeos que cada domingo mi madre nos compraba en el kiosco para que, además, nos estuviéramos quietos en la habitación mientras ella hacía la casa. La mecánica de las llamadas cuatro reglas también la adquirí muy pronto: además de ristras de efes, nos hinchábamos a cuentas, de tal modo que al ingresar en la escuela oficial, resultó que dominaba las divisiones por dos cifras. De música, más bien poco. En cierta ocasión la maestra nos señaló que tenía que ponernos una nota. Uno a uno fuimos desfilando hasta la tarima. Ante ella debíamos demostrar nuestras capacidades cantando o tarareando, pero haciendo algo. Yo, que siempre he tenido buen oído para entonar, pero escasa gracia para elegir, canté el himno español. Aprobé con buena nota. Ese, junto con el Con flores a María, es el único recuerdo musical de mis primeros años de escolar. La religión me asustó desde el primer día. Yo creo que aquellos libros eran máquinas de descreer. La historia de Abraham y el cordero la consideré tremebunda y áspera para mentes infantiles. Pero, ¡hombre de dios!, ¿cómo se te ocurre contarles esa historia a los niños: (Dios) Coge a tu hijo y sacrifícalo en mi nombre. ¿Pero qué culpa tenía el pobre Isaac? Qué ceguera la de aquel padre ¿Y Dios? Como para fiarse.

De la gimnasia mejor no hablar. Mi primera incursión en el fútbol fue desafortunada pues provoqué un penalti nada más entrar en juego. Los compañeros, lejos de quitarle importancia al asunto, eso le puedo pasar a cualquiera, casi me linchan. Meses después, cuando probé el balonmano a veinte, cedí la pelota al portero que estaba en su área. Tardé años en volver a participar en un deporte de equipo. Lo peor de todo, sin embargo, eran las malditas manualidades, el dibujo, el uso del color… Todavía hoy no he podido superarlo y aun hoy sería capaz de enredarme con el celo, cortarme con una tijera o sostener con vehemencia que el lila, el morado y el violeta son la misma cosa.

De las habilidades sociales y de mi trato con los demás hablaré en dos sentidos. Recuerdo aquellos primeros maestros y su cariño, tanto como la admiración que yo sentía por ellos. Pero todo empezó a torcerse desde el mismo momento en que algunos de aquellos profesores decidieron que yo debía de promocionar a cursos superiores independientemente de la edad. Y fue entonces cuando la cagamos, creo que para siempre, en todos los aspectos. A ciertos sujetos no debió parecerles bien codearse con un llorica y un tímido que no sólo les disputaba los puestos de preferencia en el ranking de los listos, sino que además iba provocando penaltis por el mundo. Así que el acoso, que entonces no tenía tal nombre, comenzó rápidamente en el colegio y en el barrio, a la par que, sin saber cómo, me fui quedando sin amigos. Por otra parte, para lo relativo a ciertos procesos cognitivos y de evolución psicológica, Piaget era picador. Empezaba a tener problemas con algunos problemas matemáticos problemáticamente planteados. Más adelante, la cosa se agudizaría.

Así pues, pasé el examen de ingreso a lo que se llamaba bachiller elemental sabiendo cosas, a lo mejor más que la media, pero incompetente para muchas más: para la plástica, para relacionarme, para hablar, para preguntar, para la metáfora… Todo ello sin contar con los imponderables físicos, psíquicos, familiares o del entorno, en que se desenvolvía mi educación. Un entorno donde la calle y los juegos, a pesar de todo, era lo habitual. Allí hasta se tenía algún trato con las chicas, de las que no sabíamos a ciencia cierta si iban a la escuela como nosotros; cosas de la educación diferenciada que tendría sus implicaciones en tiempos de universidad. Ah, la vida en la calle hasta que anochecía, corriendo, jugando, midiendo fuerzas a pedradas un tanto salvajemente...

En aquellos años de primeras letras siguió aumentando mi amor por saber, por aprender. En realidad, esas ganas venían de mucho antes aunque no supiera precisar desde cuándo. Disfrutaba con el olor de los libros nuevos, me gustaba estrenar una nueva libreta o un lápiz. Disfrutaba escudriñando cada libro, cada revista que caía en mis manos. Tenía también tiempo para no hacer nada, para pensar acaso mirando el techo.

El cambio de colegio supuso otra forma de enfrentarme a mi aprendizaje. Llegaban los exámenes y los suspensos, los profesores excelentes y los que más valía que se hubieran dedicado a hacer de gestores (ah, no, que ya se dedicaban). Pero eso es asunto de otro post.



jueves, 10 de febrero de 2011

LICENCIAS. QUE NOS DEJEN TRABAJAR

No voy a hacer ningún juicio de valor. Cuidado con lo que cantas, cuidado con lo que ves, cuidado con lees, cuidado con moverte, cuidado con pensar... ¿Quiénes serán los próximos? Pobre escuela.

Esta es la carta que está llegando a los colegios sobre la licencia Umbrella MPLC:

sábado, 18 de diciembre de 2010

LA BRECHA

Debe ser cosa del mes de diciembre, del frío, de lo lento que va todo; de mínimos y calificaciones, de apoyos (que si dentro, que si fuera), de tecnologías que no arrancan (o sí, acaso palabrotas), de cursos y seminarios sin resultados cercanos… Será eso o vaya usted a saber qué.


Y luego está lo de la brecha; la digital, claro. Esta tiene varias dimensiones y todas con su punto de verdad. A mí, como estamos en diciembre, me preocupa la que tiene que ver con la actitud y no tanto con el acceso, la que se circunscribe a la profesión.


Es una brecha que se dirige tanto al el espacio como al tiempo, un tiempo lento, no lineal, capaz de dirigirte a un punto de inicio, tal vez con ilusión de avance. La brecha no es cosa de los otros. La brecha eres tú, que provocas desparrames. Somos ingleses con retranca (ojú) y cuando la niebla cubre el canal de la Mancha, decimos que el continente está aislado.


¿Por qué, a veces, esa sensación de volver, volver, volver? Al word, al pavopoint, al gusanillo y la plastificadora, al e-mail que se abre una vez a la semana... ¿Pero qué nos estás contando con esto de la web 2.0? El otro día pude oír a un profesor de secundaria, que había estudiado el asunto de las TIC, decir que las pizarras digitales estaban teniendo una muy buena aceptación entre ese profesorado. Me llamó la atención porque aquel mismo día quise lanzar la hipótesis de que sólo la pizarra digital en Infantil y Primaria salvaría a las editoriales y sus propuestas con contenidos digitales (o simplemente digitalizados). Una pizarra de color verde, por dios, tal y como leí en un tweet que se hacía eco de la reclamación, y cuyo autor no recuerdo (perdón). Lo de compartir, publicar, lo de ver en la escuela abierta quedaría postergado. La viñeta docentes 2.0. de Néstor Alonso (@xardesvives) en educ@contic, invitaba, sobre todo, a comparar lo allí expuesto con la situación en cada uno de nuestros centros, quién y cuántos utilizaban qué. En realidad servía para constatar que U.K. (en realidad usted, amado dospuntocero) estaba aislado.


Siendo entonces la brecha el lugar por donde se escapan las certezas, también lo es por donde seguir avanzando. La brecha adquiere su identidad en el propio camino. No es una imagen fija, es el paso al otro lado; no es distancia, es membrana comunicante; es ruptura y posibilidad, un levantar la cabeza para mirar en otras direcciones. Así que, aislados como decimos estar, no nos queda más que ir de un lado a otro de la brecha, un ayudar al compañero y volver por más. Pasar la muga con difíciles cargas. El peso de una formación que, aun cercana, se muestra incapaz de andar el camino.


Así pues, ¿quién teme a la brecha? Claro está que nada teme el que no comienza el camino, pero tampoco aquél que la ha traspasado una y mil veces. Digamos que son cosas del trayecto. Una andadura que puede tomarse en perspectiva o como simple porteador. Y es que el optimismo tecnológico exige sacrificios en forma de coartadas. En el momento del crimen estuve en otro sitio: informes autocomplacientes, cursos, unconferences, autoformaciones, congresos…Hay otra especie de optimismo que te deja en el lugar del delito y que a menudo te convierte en cómplice. Y uno desgasta más que otro (nos ha jodío).

lunes, 6 de diciembre de 2010

VIDEOJUEGOS Y EDUCACIÓN

Eduard Punset entrevista a Marc Prensky, en el programa de TV Redes.

martes, 23 de noviembre de 2010

REDES SOCIALES Y CONTENIDOS DIGITALES


PUNTO DE PARTIDA

Con la introducción de las TIC en la escuela nos encontramos ante una exigencia de cambio metodológico.

Las personas capaces de realizar ese cambio son los profesores. Sin embargo, el avance no es todo lo rápido que cabría desear. Tres grupos: los que aún no incorporan las TIC (grupo mayoritario), profesores que las incorporan pero no cambian de metodología y, por último, aquellos que las integran con la finalidad de producir un cambio metodológico.

En esta tesitura tienen también su importancia los equipos directivos, y no es difícil encontrarse todavía algunos que se muestran refractarios a la integración de las TIC.

Por último, la flexibilidad del sistema educativo y la autonomía de los centros como vía para el reconocimiento de nuevas formas de enseñar y aprender no puede quedarse en una mera declaración de intenciones.

REDES SOCIALES

Estamos plenamente de acuerdo con el hecho de que las Redes Sociales (RS) son un fenómeno imparable. Sin considerar ahora su valor como lugar de encuentro para la amistad o el entretenimiento, es su relación con el conocimiento reglado y no reglado lo que las puede convertir en una herramienta de gran alcance para el intercambio de información y comunicación.

Entiendo que su uso debe ser ineludible en la Universidad y deben ir adaptándose a niveles educativos inferiores. Sobre todo, deben acoger contenido liberado y debe hacerse notar el liderazgo del profesorado. Hoy ya no tiene ningún sentido dictar apuntes, algo que se sigue haciendo y sobre lo que las autoridades académicas no toman cartas en el asunto.

En Primaria.

La escuela sigue siendo el espacio donde aprender y formarse. Aunque el alumno debe ser el centro de nuestras preocupaciones, no debemos olvidar que la figura del profesor es también clave.

En estas etapas de Infantil y Primaria la escuela es todavía el lugar donde se puede y se debe dialogar.

¿Qué redes, qué comunidades?

La escuela debe abordar el uso de las RS por parte de sus alumnos: educando en el modo de acercarse a ellas, desarrollando –en palabras de J. Adell- la ciudadanía digital, una de las dimensiones de la competencia digital.

La escuela debe iniciar en el uso de las RS mediante redes cerradas. (Se dirá que las abiertas no dejan acceder a menores, pero esto no es del todo cierto).

Son las redes sociales específicas y de carácter local las que podrían dar un impulso inicial a esta forma de comunicarse y de compartir información. Nosotros hemos puesto en marcha dos: una es Educamos entre todos, dirigida a toda la comunidad educativa de la localidad; la otra es una cuenta de Twitter. Estamos valorando su potencialidad.

No tengo muy claro la necesidad de romper la barrera entre la vida privada y docente de los alumnos, virtud que a menudo se atribuye a las RS. Quiero dejar en el aire dos preguntas: ¿Por qué los alumnos habrían de participar voluntariamente en una red social donde tuvieran presencia sus profesores? La segunda: ¿Por qué los alumnos habrían de participar voluntariamente en redes seguras, con filtros decididos por los mayores?

Es preciso, por otra parte, hablar de red social o comunidad social específica, adaptada a cada circunstancia.

Las instituciones educativas no pueden quedarse al margen. La escuela, cada escuela, cada CEIP, cada IES, debe promover su uso adecuándolas y liderando el cambio.

Por lo que respecta al profesorado señalaré que las RS son un gran apoyo para su formación, fundamentalmente para aquéllos (ese 17’5%) que integra las TIC con el objetivo claro de cambiar la metodología.

Personalmente, un problema que he advertido es el que viene del número de redes y comunidades del que uno puede llegar a formar parte, lo que conlleva una gran dedicación en tiempo. Al final he decidido limitarme a una red ágil, no específica y equilibrada en sus aspectos de ruido y enredo. Otra pregunta: ¿Necesitamos estar todos en una misma red social?

Las familias deben ver incrementadas sus posibilidades de participación. En otros lugares he señalado que nunca antes ha existido la posibilidad tan grande de abrir la escuela, de ver la escuela. Las RS deben contribuir también a favorecer la visibilidad de la escuela abierta, favoreciendo el diálogo, el intercambio de opiniones, contribuyendo a la cohesión de la comunidad educativa.

CONTENIDOS DIGITALES

Un hecho fácilmente constatable: la facilidad de producción de contenidos digitales y la multitud de productores genera un monto considerable de contenidos, la mayoría de ellos adaptados al contexto, lo que es muy importante en el aspecto metodológico.

Respecto a los contenidos digitales cabe señalar tres posiciones:

a) la del negocio, para vender, y que no puede obviarse en el sistema de producción en que nos hallamos inmersos.

b) la de la posición en la escala del saber, que libera parte de los contenidos, pero que apunta de alguna manera a un lugar de predominio.

c) la de la producción compartida y libre, que libera contenidos sin ánimo de negocio ni de predominio.

Es evidente que la industria editorial sabrá adaptarse rápidamente a las circunstancias cambiantes. Las instituciones educativas deberán estar atentas tanto a la calidad de los contenidos ofertados como a su precio. Entiendo que ese modelo de negocio tendrá sus destinatarios entre el profesorado que jamás se va a convertir en productor: la tecnología y las herramientas que se desarrollen deben ser asequibles (por su uso y por su coste) para quien las tiene que implementar. Sin embargo, hay que preguntarse si esas herramientas van a favorecer un cambio metodológico real.

Por otra parte, la capacidad de producción de contenidos que se comparten libremente debe potenciarse con ahínco. El lema puede resultar tajante, pero debe tenerse muy en cuenta: No necesito contenidos enlatados y descontextualizados; necesito una buena conexión a Internet, desde donde poder acceder a recursos previamente seleccionados.

La tecnología, desde este punto de vista, sí ayuda a cambiar la metodología o a incidir positivamente sobre prácticas que ya se venían realizando con anterioridad: dialogar, investigar, producir, compartir. Cuando a los alumnos se les propone una investigación, la atención está asegurada, a la vez que cuidan los discursos y los productos que se exponen a la comunidad.

MÁS PARA EL DEBATE

Las RS se quedan, las comunidades se afianzarán.

La escuela, al menos en CEIPs e IES, sigue siendo válida como espacio primordial donde acceder al conocimiento, pero ha de cambiar urgentemente de metodología. Las TIC pueden venir en ayuda de ese cambio por parte de cierto sector del profesorado.

El profesorado nunca será homogéneo en su relación con las TIC: a la espera de que los pasivos disminuyan en número, los profesores que integran las TIC en el aula serán consumidores o prosumidores. En manos de estos últimos cabe depositar la esperanza del cambio metodológico.

Desparecerá el libro de texto en papel (otros esperan que no sólo desaparezca el de papel).

Redes virtuales sobre materias versus redes físicas de aula: la preponderancia de unas u otras dependerá de la etapa educativa y de la metodología adoptada. Una clase magistral que remite a apuntes debería tener los días contados. Por el contrario, las RS deberían tenerlo difícil frente a metodología activas.

El profesor sigue siendo elemento de gran importancia. Debe impulsar un pensamiento crítico, creativo y cuidadoso. Dudo que el mejor lugar para esto sea una RS.

Hay que aceptar una evaluación constante, que sea capaz de ver y valorar más allá de la letra de una ley de educación o de unas directrices internacionales.

Respecto a la educación personalizada es preciso señalar que estamos igual de preparados que cuando no había TIC. Se trata de una tarea que requiere una formación y una puesta en práctica continuada, con una profunda reflexión sobre el propia trabajo docente.

Plataformas de contenidos digitales. El profesor, los claustros o los equipos directivos ya hacen una selección de libros de texto. Lo mismo podría hacerse, si es el caso, con los contenidos digitales. Lo que no conviene, de ninguna manera, es obligar a realizar la elección, pues esto va en contra de la flexibilidad y autonomía que realmente puede conducirnos hacia la metodología adecuada a los nuevos tiempos.

Los estudiantes cambiarán su forma de estar en la clase (multitarea). También será necesario cambiar la forma en que vemos al estudiante. (“No es que tenga déficit de atención, es que no me interesa lo que dices”).

Del esfuerzo y del sacrificio sólo se habla bien cuando se han alcanzado los objetivos. Hasta entonces, hay que decir que se trata de conceptos muy difíciles de inculcar en cualquier persona, con TIC y sin TIC.

REFLEXIÓN FINAL

En definitiva, con TIC o sin ellas, se trata de infundir el amor por el conocimiento –sí, con las técnicas adecuadas de aprender a aprender- y el estar en disposición de aprender durante toda la vida. Esa es nuestra primera tarea como docentes. Ahora bien, la sociedad debe cumplir con su parte, la que corresponde a la promesa de futuro que debemos hacerle a las generaciones que quieren incorporarse al mundo del trabajo: el amor por el conocimiento no es exclusivamente competencia en relación al mercado laboral; el aprendizaje a lo largo de la vida no es un aparcamiento de parados. La sociedad debe tomarse en serio no sólo la formación de sus ciudadanos, sino la finalidad de esa formación.

martes, 16 de noviembre de 2010

MAL DE ESCUELA


Leo Mal de escuela, de Daniel Pennac. Me quedo con unos fragmentos evocadores respecto a la realidad educativa actual. El primero tiene que ver con los ritmos y la diversidad. El segundo, con las renovaciones pedagógicas y el último..., bueno, el último lo tendrán que leer.

1.- Orquesta vs. regimiento

Por lo demás, le parecía que la naturaleza de una clase y una orquesta estaban relacionadas. Cada alumno toca un instrumento, no vale la pena ir contra eso. Lo delicado es conocer bien a nuestros músicos y encontrar la armonía. Una buena clase no es un regimiento marcando el paso, es una orquesta que trabaja la misma sinfonía. Y si has heredado el pequeño triángulo que solo sabe hacer ting ting, o el birimbao que solo hace boing boing, todo estriba en que lo hagan en el momento adecuado, lo mejor posible, que se conviertan en un triángulo excelente, un birimbao irreprochable, y que estén orgullosos de la calidad que su contribución confiere al conjunto. Puesto que el gusto por la armonía les hace progresar a todos, el del triángulo acabará también sabiendo música, tal vez no con tanta brillantez como el primer violín, pero conocerá la misma música.
Hizo una mueca fatalista.
- El problema es que queremos hacerles creer en un mundo donde solo cuentan los primeros violines.
Una pausa:
- Y que algunos colegas se creen unos Karajan que no soportan dirigir el orfeón municipal. Todos sueñan con la Filarmónica de Berlín, lo que es comprensible.



2.- Reformas

Sucede con la pedagogía como con todo lo demás: en cuanto dejamos de reflexionar sobre casos particulares (pero, en este campo, todos los casos son particulares), para regular nuestros actos, buscamos la sombra de la buena doctrina, la protección de la autoridad competente, la caución del decreto, el cheque en blanco ideológico. Luego nos plantamos sobre certezas que nada hace vacilar, ni tan siquiera el desmentido cotidiano de la realidad. Solo treinta años más tarde, si la Educación Nacional al completo cambia de rumbo para evitar el iceberg de los desastres acumulados, nos permitiremos un tímido viaje interior, pero es el viraje del propio paquebote, y henos aquí siguiendo el rumbo de una nueva doctrina, bajo la égida de un nuevo mando, en nombre de nuestro libre albedrío, claro está, pues somos eternos antiguos alumnos.


3.- Amor y metodología

-Vamos, tú que lo sabes todo sin haber aprendido nada, ¿cuál es el modo de enseñar sin estar preparado para ello? ¿Hay algún método?
-No son métodos los que faltan. Sólo habláis de los métodos. Os pasáis todo el tiempo refugiándoos en los métodos cuando, en el fondo de vosotros mismos, sabéis muy bien que el método no basta. Le falta algo.
-¿Qué le falta?
-No puedo decirlo.
-¿Por qué?
-Porque es una palabrota.
-¿Peor que "empatía"?
-Sin comparación posible. Una palabra que no puedes ni siquiera pronunciar en una escuela, un instituto, una facultad o cualquier lugar semejante.
-¿A saber?
-No, de verdad, no puedo...
-¡Vamos, dilo!
-Te digo que no puedo. Si sueltas esta palabra hablando de instrucción, te linchan, seguro.
-...
-El amor.






viernes, 12 de noviembre de 2010

LA TECNOLOGÍA INVISIBLE

Excelente presentación de Ana Laura Rossaro @anarossaro

viernes, 5 de noviembre de 2010

eCLM 2012

El pasado día 2 de noviembre, en Toledo, estuvimos en una mesa de trabajo para dialogar sobre redes sociales y contenidos digitales. Se trata de una iniciativa promovida por la Junta de Castilla la Mancha y Telefónica, con el fin de establecer las bases del desarrollo de las TIC en los próximos años en varios sectores como educación y sanidad. Las conclusiones las comentaré en otra ocasión.


martes, 26 de octubre de 2010

COMPETENCIA DIGITAL

A través del blog ConoCity: una ciudad de conocimiento conozco esta explicación de Jordí Adell sobre las diferentes dimensiones de la competencia digital. Clarito, clarito. Muchas gracias.

viernes, 22 de octubre de 2010

CONGRESO ESCUELA 2.0

Durante los días 22 y 23 de octubre el ITE ha organizado el Congreso Escuela 2.0

He tenido la oportunidad de presentar una comunicación en el Taller Innovación Educativa. Os dejo la presentación y el pdf.

jueves, 21 de octubre de 2010

RADIO ESPIRAL

Una excelente idea de la Asociación Espiral, Educación y Tecnología, gracias al gran trabajo de Pilar Soro

miércoles, 8 de septiembre de 2010

LA ESCUELA CONTRA EL MUNDO



He leído recientemente este libro de Gregorio Luri en el que se exponen tesis ciertamente atractivas para todos aquellos que se manejan entre dudas y malestares varios con el rumbo que viene tomando la escuela. Se trata de un texto ameno, bien escrito, cuyas resonancias ideológicas están plasmadas comedidamente y muy alejadas de los exabruptos antipedagógicos, o antiescuela, que vienen circulando últimamente entre los profesionales de la educación.

Coincido plenamente con algunas de las afirmaciones expuestas por Luri. Sin embargo, he de señalar que con otras -tanto más cuanto su autor ha sido maestro y además profesor de filosofía- me he quedado bastante perplejo. Por último, también indicaré que la intención final de la obra, esto es, señalar que el optimismo es posible -tal como reza el subtítulo- queda a mi juicio bastante desdibujada y lejos de transmitir al lector la necesidad de ese objetivo.

Una de los aspectos más atractivo ha sido la llamada a la responsabilidad, a la excelencia y a la confianza. Digo que me he quedado gratamente sorprendido por algo que en la relación con mis alumnos y con sus padres visualizamos de la siguiente manera: a principios de curso pido a unos y a otros que recuerden la tecla que algunos radiocasetes tienen para grabar (REC y un puntito rojo). Esa tecla contendría las claves de lo básico que la escuela debe propiciar y solicitar: Responsabilidad, Excelencia y Confianza. Responsabilidad para hacer las cosas, las que debo hacer por mí mismo y las que me encargan; excelencia con la que conseguir no sólo hacer las cosas, sino hacerlas bien y cada vez mejor de acuerdo a las capacidades de cada uno; y confianza entre todos los componentes de la comunidad educativa, de forma tal que cada cual acepte de buen grado que todos están dando lo máximo de sí en relación a los otros. Me ha alegrado constatar que es posible hablar de excelencia -concepto del que huyen muchos docentes, que a menudo lo asocian a elitismo-, yendo a la raíz de las cosas, y no desvirtuando un término que ha estado devaluado durante mucho tiempo en ciertos sectores.

Otro de los apartados donde tengo bastantes dudas y en parte puedo coincidir con el autor es el relativo al constructivismo -tengo menos dudas con el nacionalcontructivismo-. Esta teoría del aprendizaje ha parecido olvidar elementos centrales del cognitivismo, especialmente los relativos a la atención y la memoria, o a los ineludibles materiales con los que se ha de construir, por no hablar del conocimiento que no es construible de manera inmediata.

Hay otros aspectos con los que no puedo coincidir. Partiendo de la necesidad de superar el activismo y la escuela progresiva, con Dewey y sus seguidores en el punto de mira, el autor carga las tintas una y otra vez contra el pensamiento crítico, la autonomía y la creatividad. Aquí es preciso señalar que uno de los grandes errores de todos aquellos que en un momento determinado describen males o ventajas de la escuela actual es que exponen sus tesis alegremente, extendiéndolas sin acotar claramente a qué etapas y niveles educativos se dirigen sus apreciaciones. Así, no sería lo mismo hablar del fomento el pensamiento crítico en primaria que en secundaria o bachillerato. Como no sería lo mismo negar la validez de la opinión -"al que me dé su opinión lo suspendo", en palabras del autor en tanto que profesor de filosofía- que negar el intercambio de opiniones en infantil y primaria, actividad que contribuye a desarrollar la expresión oral.

Me sorprende que Luri ya desde las primeras páginas comente con cierta sorna las "virtudes" de impulsar el pensamiento crítico. El autor destacaría los aspectos más negativos de su puesta en valor como los que conducen a un activismo escasamente meditado, especialmente en edades tempranas, o el que deriva en la simple y llana opinión elevada al rango de conocimiento. Avanzada la lectura del libro, se comprenden las reticencias de Luri pues identifica la práctica de dicho pensamiento con el desarrollo de actividades como resolver acertijos, o hacer crucigramas. Por otra parte, piensa que en España este ha sido objetivo central de las sucesivas reformas educativas. Sin embargo, suponer que de lo dictado por la ley se deduzca su desarrollo práctico es mucho suponer. ¿De verdad se puede decir que en la mayoría de las escuelas e institutos se fomenta ese pensamiento crítico? Yo tengo serías dudas. La deliberación y el juicio -como bien sabe Luri como profesor de filosofía- orientan el pensamiento crítico. No creo que sea una barbaridad practicar estas capacidades. Lo otro con lo que quiere identificarlo, y traído un tanto forzadamente, en efecto nada tiene que ver con el pensamiento crítico; pero eso también lo debe saber Luri. El autor sospecha igualmente del concepto de autonomía, si bien es la creatividad la que recibe sus apreciaciones más hirientes.

Las propuestas para superar las dificultades que se presentan en la escuela giran en torno a la consideración de un profesor como eje, como centro, como parte sustancial de la escuela y que trabaja de una forma metodológicamente impecable. Creo que lo que se expone es una obviedad. Sin embargo, es preciso hacer notar que el cretino profesor que hace chistes a los adolescentes de bachillerato sobre su lugar de origen o denosta públicamente las opciones políticas de los progenitores de sus alumnos, el profesor que aborrece las opiniones de sus alumnos en cuanto seres aprendientes no formados, es también el centro, sigue un método excelente (la exposición de un contenido claro y ordenado), exige REC y obtiene unos resultados aceptables. Algo, a todas luces insuficiente.

Desgrana el autor más elementos con cuya valoración no estoy de acuerdo. Yo sí creo en la Sociología de la Educación (a pesar de Fernández Enguita) y en sus estudios valiosos. También en que la escuela puede contribuir a cambiar el mundo. En la escuela progresiva y en el aprender a aprender, en la actividad como base del aprendizaje, el aprender haciendo. En los buenos maestros, que merecen ser el centro en un momento determinado, pero no a todas horas. Creo en el método, aunque también sé que no hay métodos inocentes ni manos que lo apliquen. En el silencio, en la lectura silenciosa, en los tiempos lentos, en el pensamiento crítico, creativo y cuidadoso. Pero, sobre todo, en un optimismo interior y no mediado por leyes y normas. Desconfío de los que me dicen cómo ser optimista, esto es, cómo ser -perdón por el chiste- un pesimista mal informado.

Vale.

martes, 29 de junio de 2010

EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA

El curso que viene impartiré la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Hoy me he levantado con la noticia de la huelga en el Metro de Madrid. Los trabajadores rechazan un recorte salarial y que su convenio se convierta en agua de borrajas. Otro tanto podría decirse de los funcionarios que han visto mermadas sus retribuciones porque así lo ha querido el gobierno.

Cuando hable de derechos y obligaciones a los alumnos, cuando les hable de relaciones laborales, de convenios, de respetar acuerdos, ¿cuáles son los argumentos que deberé poner sobre la mesa?, ¿se me notará la desconfianza?


lunes, 14 de junio de 2010

RECORTES Y FORMACIÓN


La caja fija te enseña, la caja fija entretiene y yo te digo contento: hasta la crisis que viene.
¡Hay que joderse con la caja fija!

lunes, 31 de mayo de 2010

EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO


La primera vez que leí El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, supe que en realidad me encontraba ante un libro muy cercano a la educación. Tal vez solo se trataba de la mirada de un maestro que quería ver algo que no era tal.

Estos días lo he vuelto a leer con más detenimiento, teniendo presente aquella primera impresión que me produjo. Pues bien, a pesar del paso de los años -o tal vez por ello- sigo pensando lo mismo. El guardián entre el centeno dirige inevitablemente mi interpretación hacia el mundo del estudiante adolescente, con las claves de la responsabilidad y la motivación. Ese tipo de motivación que tiene que ver con el deber, tan difícil de enseñar, tan difícil de apre(h)ender, y que configura el marco de responsabilidad -igualmente difícil de construir- que ha de dirigir nuestras acciones.

Holden Caulfield es el protagonista que pasea por el borde del precipicio una y otra vez, que sale indemne porque la suerte está de su parte en esa parte de la historia. Las relaciones de amistad son falsas o no son todo lo satisfactorias que quisiera, la familia está ausente, los modelos fallan, los consejos que obtiene de los profesores son contradictorios, su desmotivación ante la vida es notable, su responsabilidad... Como puede observarse, nada nuevo bajo el sol en la vida de muchos adolescentes.

Especialmente llamativo me resulta el pasaje en el que el profesor Antolini ofrece a Holden un papel escrito, preocupado por la deriva incierta de su pupilo:

"Lo que distingue al hombre inmaduro es que aspira a morir noblemente por una causa, mientras que el hombre maduro aspira a vivir humildemente por ella".


Antolini continúa con sus consejos:

"... pero en cuanto descubras adónde quieres ir, lo primero que tendrás que hacer será tomarte en serio el colegio. No te quedará otro remedio. Te guste o no, lo cierto es que eres estudiante. Amas el conocimiento.
[...]
"...verás que no eres el primero a quien la conducta humana ha confundido, asustado y hasta asqueado. Te alegrará y te estimulará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú ahora. Felizmente, algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si tienes algo que ofrecer. Se trata de un hermoso acuerdo de reciprocidad. No se trata de educación. Es historia. Es poesía".


Estas hermosas palabras -que encandilan al docente que las lee- no hacen efecto, sin embargo, en nuestro protagonista. La razón es la disonancia existente entre los principios y los modelos, pues ciertamente la actitud del profesor respecto a Holden resulta a la postre sospechosa. ¿Qué valor, qué incidencia tienen nuestros grandes principios, nuestros buenos consejos, nuestras actitudes honestas en ciertos momentos de la vida de un adolescente, que interpreta con dificultades los cuadros que se le presentan?

Desde mi punto de vista, la historia es el anuncio de una chispa, de un fuego que se enciende en un momento determinado, y que parece tiene que ver poco con el desafortunado deambular educativo de Holden Caulfield. Cuando su hermana pequeña le pregunta que le diga una cosa que le guste, se muestra incapaz de hacerlo. De pronto, surgen las palabras de las que también nace el título del libro [eludo, no obstante, las polémicas habidas en torno a la traducción al español y que desde el inglés podrían abocar a otras interpretaciones]:

"... me imagino que hay un montón de críos jugando a algo en un campo de centeno y todo eso. Son miles de críos y no hay nadie cerca, quiero decir que no hay nadie mayor, sólo yo. Estoy de pie, al borde de un precipicio de locos. Y lo que tengo que hacer es agarrar a todo el que se acerque al precipicio, quiero decir que si van corriendo sin mirar adónde van, yo tengo que salir de donde esté y agarrarlos. Eso es lo que haría todo el tiempo. Sería el guardián entre el centeno y todo eso. Sé que es una locura, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura".

Holden necesita una respuesta ante la provocación y acaba expresando sus intereses por extraños que puedan parecer. En este caso, nadie, ni sus padres, ni sus profesores, ni sus amigos, supieron pedirle que se mirara a sí mismo. Probablemente, tampoco habría funcionado si lo hubieran hecho. Ya digo que esta es una historia de una luz que no se sabe cuándo se va a producir. Pero una vez que ésta se ha hecho, puede decirse que se ha dado un paso de gigante. Y así, cuando se ha encontrado el motivo, no queda otra que ponerlo en práctica con honestidad. El desenlace es una decisión tomada por responsabilidad hacia su hermana Phoebe. Holden se comporta como el guardián entre el centeno. Lo que desconoce es que, sin pretenderlo, Phoebe ha actuado también como el guardián de su hermano, ayudándole a tomar un camino correcto.

A mi juicio este asunto es de enorme importancia para la educación. Más cuando hablamos de jóvenes con dificultades. Hay que creer que en un momento dado darán con su guardián, encontrarán su camino de vuelta y tratarán de actuar responsablemente. En realidad, los educadores, los padres, los amigos, seguirán realizando su aplicada labor. Pero de la luz, de la chispa, me temo que sabemos más bien poco. Queremos ser, nos creemos los guardianes, pero el verdadero guardián está oculto entre el centeno.