domingo, 13 de marzo de 2011

EL PROPÓSITO DE LA EDUCACIÓN


¿Cual es el propósito de la educación? Con esta pregunta se inicia la propuesta promovida por un interesante y activo grupo de profesores. Una de las primeras actuaciones consiste en escribir un tuit bajo el hashtag #purposedES. La siguiente es compartir en nuestros blogs lo que pensamos al respecto de dicho propósito. La iniciativa me ha parecido excelente, así que me pongo a la tarea tomando como base los cinco tuits que escribí previamente. Advertiré en primer lugar que estos fueron formulados desde mi rol de profesor, esto es, a propósito de la educación entendida de forma unidireccional y circunscrita al eje espacio-temporal de la escuela. En realidad, nos educamos, aprendemos a lo largo de toda la vida, y el propósito de la educación debería aprehenderse mediantes los propósitos que tenemos como aprendientes. Por otro lado, es muy posible que lo que viene a continuación sea más de lo mismo, lugares comunes que tengan tan solo apariencia de deseos o, lo que sería más inquietante, que ya esté previsto en la ley -en cuyo caso me lo haré mirar-.

La educación requiere andar caminos inexplorados, seguir líneas torcidas, alcanzar mundos imaginados y por imaginar. La educación es un bien de extrema fragilidad. Es proceso y es camino que se anda mejor en compañía. Por eso, la educación no puede reducirse a las cuatro paredes de una escuela ni puede delimitarse a un tiempo determinado de nuestra vida. La felicidad no la proporciona exclusivamente la educación, pues aquélla es asunto de la vida misma. Podemos hablar de parcelas de felicidad, como la que tiene que ver con la que produce el propio conocimiento, pero nadie nos asegura que con la mera aproximación a la verdad vayamos a ser más felices. La educación sentimental, esa que tiene que ver con la estética, tan descuidada siempre y tan alejada de los currículos realmente desarrollados, no soluciona por sí sola la aspiración de la felicidad. Tampoco el cumplimiento de aquello que debemos hacer nos asegura mundos apacibles.

La principal herramienta con que nos podemos dotar como educandos es la pregunta. Pero previamente a ello, es preciso poner en su máximo valor el deber y el derecho de la duda. El propósito de la educación es inocular el germen de la duda; es favorecer la pregunta, acercarse al bien, a la verdad y a la belleza (y volver a dudar...). El momento de la duda y la apropiación de la pregunta deben ir encaminados a que como educandos podamos llegar a ser ciudadanos críticos, creativos y cuidadosos. Aspecto este último que tiene que ver también con el propósito de romper con las inercias que perpetúan las relaciones sociales de desigualdad.

Por último, no me he podido resistir a un guiño (aunque el guiño, gesto rápido y cómplice donde los haya, sólo adquiere carta de naturaleza si el otro lo percibe). El propósito de la educación es no sucumbir a las sucesivas intervenciones políticas que reforman su aplicación metódica (y la reforman, y la reforman...). Y es que, en ocasiones, el camino del infierno educativo está sembrado de buenas intenciones/propósitos.

2 comentarios:

Pepa Luis dijo...

El palabrejo inglés learnig alude, en su traducción, no sólo a la educación sino también al aprendizaje (al que quizá se corresponda). Quizá nos sentimos embotados cuando pensamos que la educación trata de describir una situación en la que unos enseñan y otros reciben enseñanzas (tal es así como un pedagogo "educado" pueda entenderla). El concepto de aprendizaje abre ventanas al exterior de la persona sometida al mismo. Puede profundizar a través de los conocimientos adquiridos y, a través del mismo, puede construir su universo. Aprender es lo que nos permite conocer y, por lo tanto, existir como mentes abiertas. Particularmente concibo el principio de educación como un concepto impuesto a través de la historia por parte de los que la dirigen. El aprendizaje supone un esfuerzo natural, la educación un esfuerzo hacia el otro o la otra que te instruye. Propongo una reflexión: cuando el sistema "educativo" propone la "formación profesional" como la adecuada para responder a las necesidades sociales, ¿no le estamos solucionando el problema a un mercado basado en principios capitalistas? Deseo poder pensar que todavía somos libres, formamos parte de una sociedad en la que la cooperación es fundamental,... pero, visto lo visto, considero que la red que nos envuelve es mucho más dirigida y los términos varios, como felicidad (que por cierto, yo mismo he señalado en otras ocasiones), aplicados a los principios educativos a lo único que nos mueven es a seguir creando, como educadores, carne de cañón para un algo, ¿intangible?, que nos dirige. Pensar que se era feliz pudiendo alimentarse uno mismo y a su familia en la época feudal y reflexionar sobre la situación actual produce pánico.
Sigue reflexionando.
Un abrazo.
José Luis.

Alberto Moreno dijo...

Compartido Eloy, muchas gracias, que todas esas cosas mal vistas como las preguntas, la curiosidad, lo divergente, las dudas, las debilidades, lo distinto ocupen su lugar y se equilibren en la primacía de lo estructurado, lo normativo, lo curricular, lo certero, el saber, lo evaluable, también necesario, en equilibrio.