miércoles, 26 de octubre de 2011

ANATOMÍA DEL ASCO (EDUCATIVO)

VOMITO CREATIVO intro
Permítanme que coja prestado el título del libro de William Ian Miller, Anatomía del asco (Taurus, 1998), y que lo dirija hacia el mundo educativo, a propósito de los ataques que está recibiendo la educación pública por parte de los que no creen en ella, de los que tienen el poder para demolerla y además gozan de la impunidad para campar a sus anchas.

El docente, avisado de las consecuencias que producen esas medidas, expone sus razones, las manifiesta individual y colectivamente y, con suerte, es escuchado para que se reconduzca una situación cuya deriva no presagia nada bueno. Pero ¿qué ocurre cuando, lejos de oír a la otra parte, lejos de recoger sus demandas, se opta por insultarla, descalificarla, menospreciarla, y se continúa en el empeño programático de expoliar a la escuela pública, favoreciendo los intereses de sectores que expresamente reniegan de lo público salvo cuando se trata de repartírselo? Uno de los ejemplos más llamativos es el desarrollado por el gobierno regional de Esperanza Aguirre, suficientemente conocido. El último episodio ha venido de la mano de Ana Mato, que ni conoce la realidad de una escuela ni parece que le importe mucho. A sus medidas ejecutivas se les une también su incapacidad y su decadencia como políticas. No son las únicas que han manifestado sus intenciones y han demostrado su ignorancia y menosprecio. En Aragón, la consejera del ramo ya ha hecho declaración de intenciones para concertar en un futuro etapas no obligatorias.

La escuela pública les provoca asco. A todos. Unos lo llevan mejor que otros. No se trata de un asco primitivo, ligado a las sensaciones básicas. No estamos hablando de un me gusta/no me gusta, huele mal o huele bien. El asco es para ellos una herramienta que les permite diferenciarse y alejarse del otro. Permite que cada cual conozca su sitio. Sobre todo, apunta a un dejar claro que no nos merecemos la parte de la riqueza que nos corresponde. Como decía un viejo humorista gráfico cuyo nombre no recuerdo: “A los pobres no se les puede dar dinero. Se lo gastan en cualquier cosa”. La coartada es la optimización de recursos, la de recortar en lo que no es necesario. El quid es que son ellos los que deciden lo que es necesario (para ellos).

La escuela pública les provoca asco. Y me da la impresión de que lo transmiten, si quieres como si no, a los hijos, a los alumnos, a los afines. El asco, que también es miedo, actúa en un círculo vicioso. Por un lado, permite apartar, segregar, encastillar. A la vez, el miedo cunde entre los que aspiran a formar parte de los elegidos, a refugiarse dentro de los muros del castillo. Y vuelta a empezar: si vienen a nosotros, es porque algo mal se estará haciendo ahí fuera. 

La escuela pública les provoca asco. La igualdad, la justicia, la solidaridad, la libertad, les aturden. Siempre les han olido mal. No hay educación para la ciudadanía que no les resulte sospechosa. No hay alternativa a la religión que no coloquen bajo su punto de mira. No hay educación en valores que no les provoque urticaria salvo la que se ciñe a los suyos.  

Necesitan cómplices para superar el asco. Esos políticos de la derecha que les conceden subvenciones con la llamada a la igualdad de oportunidades, que quitan de una partida para engrosar a los ya favorecidos, que regalan terrenos para edificar colegios sectarios, que muestran su falta de respeto a los trabajadores. Es el asco instalado en las instituciones. Han iniciado su labor de limpieza, aseo y prevención contra el contagio, y no dudarán en legislar cuanto vaya en favor de sus intereses. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el asco sólo es un primer paso. El asco de raíces sociopolíticas siempre tiene un contrapunto en la parte estigmatizada. Es fácil pasar de la indignación al asco y de allí a la confrontación sin cuartel. Pero es este un escenario que no contemplan, angustiados en sus olores.  

Espero que la escuela pública no se muera de asco, que no llegue a instalarse en él. Espero que el asco que les produce a algunos les provoque vómitos, que les sirva de purga, que arrojen todo lo que en realidad les resulta indigesto: su falta de respeto, su prepotencia, su chulería,  su decadencia, su incapacidad gestora. Y cuando examinen los restos detenidamente digan:  ¡Qué ascazo!

3 comentarios:

David Rodríguez dijo...

Una entrada que no te deja indiferente. La verdad, bastante triste por lo cierta que es, al menos, bajo mi punto de vista.

Sí, qué decir de la derecha (o centro, según de quién venga la denominación) y del resto de opciones políticas para el 20-N. Se me revuelven las tripas pensando en la que se nos viene encima... No por asco sino por temor aunque he de reconocer que uno sí que siente cierto asco cuando se detiene a analizar cualquiera de las brillantes declaraciones de los politicuchos en materia de educación durante los últimos meses. Lucía Figar, Aguirre, De Cospedal... Muy buena táctica política esa de, con el claro fin de privatizarlo todo, desprestigiar de la forma más ruín y populista posible a un sector que nunca ha estado bien visto. En este país, hablar mal del profesorado con la intención de ganar votos es como incluir en el programa electoral un partido semanal de la selección española de fútbol. Pan y circo. ¡Puaj! ¡Puaj! ¡Puaj!

Y digo yo... ¿Qué otras opciones tenemos para el 20-N? ¿El otor partido mayoritario que no se reconoce ni a sí mismo? ¿Los que parecen plantear un mundo utópico? Yo creo que lo único que podría salvarnos para intentar que la clase política cambiara sería:
* Un amplísimo porcentaje de votos nulos.
* Una amplia abstención.
* Una mayoría por unanimidad de la derecha (o centro)

Pepe Luis dijo...

La única posibilidad, que es una utopía (y conquistar una utopía es posible), es compartir el conocimiento, los saberes, los trabajos y las ideas. Todo ello es posible a través de procesos de aprendizaje en los que todos y todas las participantes estemos inmersos, tanto en las ciudades como en el ámbito rural, tanto en las fases obligatorias como en las compensatorias. Podemos conquistar el futuro y para ello debemos interpretar el presente desde arriba. No sólo se presentan dos partidos a unas elecciones generales, se presentan muchos. La Ley Electoral vicia los votos y, por lo tanto, debemos investigar y decidir cuáles son los cambios que debemos, como ciudadanos, exigir. En la mano de los profesionales de la educación está la posibilidad de cambio, pero para ello necesitamos unir nuestras mentes y trabajos, aunar los deseos de los ciudadanos y trabajar en un frente común. El único y gran problema es que nos hallamos tan separados y diferenciados que el objetivo final de nuestro trabajo se difumina en multitud de espacios y políticas diferenciadas. Podemos ser capaces, sólo necesitamos unidad y claridad en nuestros objetivos: la formación integral de las personas.

José Manuel dijo...

Mi comentario es para que el autor del artículo, por otra parte muy bueno,sepa que utilicé algunas frases del mismo para pergeñar un pequeño trabajo ( un folio y poco más)que publiqué sobre el tema, en un periódico de Asturias, con el título "La mutilación de la educación". Decir que no cobro por tal artículo, sino que lo hago de manera voluntaria. Espero que no haya causado ninguna molestia, si así fuese pido disculpas.